Parece que es la única alternativa que provoca la actuación de la Diputación en su afán por tener circuitos en el monte. Bienvenido el turismo de nuevo, esta vez con el “Bike Park” porque además en inglés suena mucho mejor. No olvidar tampoco el mérito de ser el primero de Euskadi, ¡enhorabuena!.
En las últimas semanas en el ámbito senderista de nuestra zona se habla mucho de la brecha que ha abierto la Diputación por la que se van a cruzar en el parque Montefuerte, en el entorno del Malmasín, unas pistas de ciclismo de montaña con los caminos transitados por senderistas, especialmente en dos pasos muy importantes para el caminante.
Esta actuación está amparada por su propia declaración de no necesitar evaluación de impacto ambiental y aprovechando un convenio de cesión gratuita del año 2006 del ayuntamiento de Arrigorriaga a la Diputación Foral en el que se especifica que “estos terrenos serán destinados a uso recreativo y zona de esparcimiento”. Hablemos claro: se está construyendo un circuito homologable para pruebas internacionales y para atraer turismo. Por supuesto, olvidemos las Directrices de la Ordenación del Territorio en la autonomía de la CAPV, al igual que los objetivos del Plan Territorial Parcial del Área Funcional de Bilbao Metropolitano que ambas promueven el desarrollo paisajístico y ecológico actuando para que lo local trascienda y logre un entorno natural más amplio.
¿Se pondrán semáforos y pasos cebra para regular el tránsito y la convivencia de ciclistas y senderistas? Las declaraciones en prensa sobre la integración en el medio y la minimización del impacto se contradicen si las comparamos con la situación real de máquinas trabajando y alteración del monte. A su vez, vemos cómo se actúa en pro de esta nueva modernidad: caminos centenarios abandonados por los que apenas se puede transitar ( la Diputación no realiza su mantenimiento). Ejemplo en este entorno: los caminos para llegar a Venta Alta-Arrigorriaga, vías para llegar al Pagasarri, desde la ladera oeste del Malmasín.
Estos proyectos, además de poner en peligro la convivencia entre montañeros y ciclistas, fragmentan y compactan el terreno, ahuyentan la fauna y, en una palabra, reducen la biodiversidad del parque.
Frente a la opción de desarrollar el entorno del Malmasín enfocados en su “Castro” histórico y en recuperar el bosque autóctono, la Diputación opta de nuevo por el espectáculo del negocio, o como ahora va todo en inglés: el “show business”. Es curioso que la diputación no destine dinero a repoblar con bosque autóctono este lugar emblemático como llevamos solicitando desde hace años, y sin embargo sí que tiene recursos para antropizar aún más la zona.